Diario AS. 19 abril 2008
Un equipo de fútbol siempre será lo que sus aficionados quieran que sea. Si quieren que sea un club simpático sólo tienen que comportarse como tales y si quieren que sea un club antipático, cutre y bárbaro, sólo tienen que emular a Atila en aquellos campos que visiten y en el suyo propio. Hace poco el Getafe, en UEFA y Copa del Rey, era el eqipo de España. ¿De toda España?, no. Como en los tebeos de Asterix hay un pequeño reducto que se negaba a caer en esa adoración. Mucha gente de Cádiz aún no perdona que el día que el equipo amarillo consumó su descenso en el Coliseum Alfonso Pérez Muñoz, la mayoría de esos “getas” gritaran “A Segunda, a segunda”. Pues ahora ajo y agua. Esto es lo que trae la antipatía graderil. Les cuento esto porque me aseguran los que viajan con su equipo (yo hace tiempo que dejé de hacerlo) que en Gijón se vive el peor ambiente posible contra el cadismo de toda la geografía patria. Ya que nos fastidia tanto que se metan con nosotros, la afición cadista debería mirarse el ombligo de vez en cuando para no caer en esos errores. Aunque hemos mejorado una barbaridad en los últimos años, todavía se pueden encontrar reductos bajunos en los graderíos de Carranza. Lo que pasa es que duele más que te digan “hijoputa” una sola vez a que tú lo digas quinientas. Por eso yo dejé de viajar, porque el fútbol está para quedarse en casa. Con esto, desde luego, no justifico las barbaridades que se dicen del Molinón, pero toda afición debería recordar que quién siembra vientos recoge tempestades.



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