Estoy seguro que como mañana le ganemos al Valladolid salta al día siguiente el periódico francés LE MONDE y relaciona con el dopaje a otro equipo de fútbol más; el Cádiz. La verdad es que resultaría extraño que un equipo que parecía medio muerto le ganara de golpe y porrazo a los dos gallitos de la categoría, como el Xerez y el Valladolid. Si eso se produce que estén tranquilos los cadistas. Nuestros futbolistas no se dopan con efedrina, ni con anfetaminas ni con eritropoyetina. Los únicos productos dopantes que podrían encontrar en la sangre de nuestros futbolistas con terminación en “ina” serían la “hojaldrina” (ahora por Navidad), y “finolaina” en Carnavales. Aunque de darse el resultado victorioso ante los pucelanos habría que hablar de un tercer producto con terminación en “ina” que puso de moda Camacho; la testiculina. Sí, eso que produce el cuerpo del macho de la especie humana en las dos glándulas sub-cayetanales (relativas o propias del cayetano) u ovoides. Para los que no tengan conocimientos de medicina, esto se conoce como “echarle huevos a la cosa”. Un entrenador puede trabajar tela y los jugadores también, pero si llega el domingo y, además de mala suerte, el equipo hace menos daño que Bruce Lee de baja laboral, pues apaga y vámonos.
A estas alturas de siglo no voy a venir yo a inventar nada, pero hay veces en esto del fútbol que se nos escapa lo más elemental. Lo principal es creérselo y si además es verdad, pues mejor. El Cádiz de esta temporada tiene calidad sobrada, estoy seguro. Los primeros resultados no acompañaron y el equipo se lo creyó, pero para mal. Cuando uno se siente un desgraciado ve ruina allá por donde vaya y, al final, la acaba encontrando. Por el contrario, cuando uno se viene arriba y le echa más huevos que el depiló en frío a King Kong, la cosa cambia. Pero somos tan carajotes que cuando se produce ese viraje lo achacamos a un cambio de fortuna y al manido “ya era hora que la pelotita entrara”. Gran error. Ya era hora de que nos pusiéramos el mono de trabajo y nos creyéramos que somos el primer o segundo mejor equipo de la categoría.
Esto de creérselo no se me quita de la cabeza desde la final de la Champions del 99, Bayern de Munich-Manchester United. En el minuto 90 perdían los ingleses por uno cero y su capitán debió decir: “Por la gloria de Sir Matt Busby que ganamos este partido”. Dicho y hecho: Sheringam en el 91 y Solskjaer en el 92. Pa flipar en colores. Aquí no tenemos un Matt Busby, como en Old Trafford, pero tenemos a un Macarty, a un Rovira, a un Alfonso el Fiebre que saben y sabían lo que es echarle testiculina a la cosa. Un equipo como el Cádiz no podía tirar la toalla del ascenso tan pronto y hacía falta un revulsivo como el del domingo pasado. Una machada, teniendo en cuenta como estaba la cosa. Por eso, mañana, los jugadores en vez de mirar al cielo que miren hacia abajo, hacia sus partes pudendas, y se digan: “Somos el Cádiz y hoy ganamos!. Vamos a creérnoslo. Sin prepotencia, pero a creérselo.